PIQUERAS, CABEZO, COLLADO, CASTILLEJO, TORNILLO

Apropiada para senderistas    
Comunidad Autónoma: Castilla y León    Provincia: Soria
Zona: Sierra Cebollera
Población: Puerto de Piqueras    Municipio: La Póveda de Soria
Tipo de recorrido: Ida y vuelta    Recorrido: 18 km    Desnivel: 818 m.    Tiempo: 5 horas
Dificultad: Media      Señalización: Señalizada
Época recomendada: primavera, verano, otoño

 

Descripción de ruta:

Entre otras, una de las cosas más bonitas que tienen las últimas horas del otoño son, sin duda alguna, los colores con que se viste la naturaleza. También me gusta, en los días que aún salen despejados, en los que la luz, aunque pálida, es todavía transparente, observar al infinito, o al menos hasta donde mis ojos puedan alcanzar a ver.

  Esta ruta que os presento tiene todo lo anterior descrito. Es una caminata para disfrutar y contemplar, tanto al frente, como a derecha (tierra de cameros) o izquierda (Soria y sus campos).

  Una vez subimos el puerto piqueras, 200 metros antes de llegar a su cima, si venimos de Soria, vemos una pequeño aparcamiento donde existe una fuente, una mesa y unos contenedores de basura, aunque estos últimos no se para que están, pues parece ser que nadie está por la labor de echar la basura en su interior, a juzgar por lo que había en sus alrededores.

  Es ahí donde dejamos el coche.

  Una vez puesto las botas, las polainas, ropa de abrigo, el bastón y la cantimplora llena de agua, comenzamos subiendo por el sendero (apenas perceptible) que hay detrás de la construcción donde está el chorro de la  fuente. Ya desde ahí, el camino se convierte en una jungla de monte bajo, donde la senda se convierte en invisible y donde, si no levantas bien las piernas al andar, corres el peligro de tropezar con un arbusto y caer al suelo , como yo, por ejemplo.

  Seguimos subiendo y cruzamos una alambrada. No es difícil porque esta medio caída, aunque hay que tener cuidado con la mochila, porque si se engancha (que casi siempre se engancha) nos puede rasgar la tela. Es por eso también que en esta ruta recomiendo llevar buenas botas, calcetines especializados y polainas.

  Una vez ahí recomiendo, ya que el camino apenas es visible, pegarnos a la alambrada de nuestra derecha y seguir, despacio y con la vista siempre adelantada a nuestros pies, hacia arriba.

  Aunque el primer monte, Cabezo, se nos antoja desde un principio como algo fácil de subir, al llegar a él podemos sentir como las piernas nos tiemblan, no por la dureza del mismo, si no por lo malo del camino, siempre pedregoso y cargado de monte bajo (insistiré en esto pues veo conveniente que así sea).

  Una vez en Cabezo, buscamos, siempre atentos al suelo, pues hay piedras  y agujeros ocultos entre la maleza, la ruta de bajada, no sin antes visitar un antiguo pluviómetro situado a nuestra izquierda. Es desde ahí donde nuestros ojos contemplarán las bellísimas vistas que ese lugar nos ofrece.

Una vez abajo, cogemos aire y volvemos a subir, esta vez el Collado. Según bajaba Cabezo, observando dese la distancia la subida al Collado, me hice ilusiones, pues creía que la subida iba a ser con mejor camino. Me confundí. Aunque algo mejor, esta estaba cargadas de grandes pasos de piedras que, mojada como estaba, los resbalones se sucedían peligrosos. La piedra era del tipo que si se moja parece puro hielo. Insisto, mucho ojo en nuestro avance sobre este terreno.

Ahora si, una vez bajamos el collado, por fin desaparece la piedra y el fastidioso monte bajo. Allí, con el verde paraje y las increíbles  vistas de Cameros, es tiempo para comer algo y echar un buen trago de agua.

  Ahora llega lo más fácil y lo que quizás, apenas merezca la pena comentar.

Seguimos por una pista hasta nuestro destino final:  “Terrazas”.

Ahora el camino se nos antoja un poco más aburrido, pero en cambio, el silencio de aquellos lugares parece llevarnos a otra época, a un tiempo más lejano y tranquilo.

Y por fin en nuestro último monte, nuestra última cima. Ésta es más fácil, mucho más fácil, de alcanzar. Es allí donde echamos la mochila al suelo y nos sentamos a contemplar las magnificas vistas de Soria, sus campos bañados de ocres, su cielo triste, y nos dejamos invadir por el suave siseo del viento golpeando las hojas de los árboles.

El silencio y la melancolía de una ruta hermosa y bien hecho nos acompaña en nuestro viaje de regreso.

 

 
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