ruta del río Azúmara

Apropiada para senderistas     Apropiada para ciclistas     Apropiada para familias con niños    
Comunidad Autónoma: Galicia    Provincia: Lugo
Zona: Meira
Población: Castro de Villadonga    Municipio: Castro de Rei
Tipo de recorrido: Ida y vuelta    Recorrido: 18 km    Desnivel: 100 m.    Tiempo: 3 horas
Dificultad: Baja      Señalización: Señalizada
Época recomendada: primavera, verano, otoño

 

Descripción de ruta:

Para realizar esta ruta la mejor opción es comenzarla desde el castro de Viladonga situado a unos 23 km de Lugo en dirección Meira. Dejaremos el coche en el parking del museo del castro y antes de comenzar podremos visitar el asentamiento desde lo alto de sus murallas.

Al comienzo de la ruta encontraremos un panel informativo sobre la dificultad, distancia y una descripción del recorrido no obstante, en la recepción del museo nos darán un folleto con toda la información perfectamente detallado. Nos encaminaremos cuesta abajo por la carretera hacia el primer cruce y torciendo hacia la izquierda nos meteremos por un camino de tierra que atraviesa el Monte do Cordal.

 

Toda la ruta está señalizada por un símbolo característico tallado en madera, "el torque".
En este castro fue donde apareció uno de los torques más emblemáticos de la cultura "castrexa" el cual se puede observar en el museo de Lugo y tanto al principio como al final de la ruta lo encontraremos esculpido en pizarra por el maestro cantero Iván Alvite.

Tras recorrer parte de una carretera asfaltada nos desviaremos a la derecha por un estrecho sendero atravesando un campo de tojos y maleza salpicado de peñas blancas de cuarzo, estamos en "Monte das Penas".

Mas abajo entramos en un camino rodeado completamente de abedules donde la luz del sol apenas consigue atravesar la densa cortina de hojas entrelazadas de los árboles y al fondo nos damos de lleno con el río Azúmara que serpentea entre los matorrales haciéndose paso hacia las partes más bajas del valle.

Seguimos por el sendero de pescadores a orillas del río y llegamos a la "Pena de Padorne" una gran piedra de pizarra que sobresaliendo de la tierra parece querer lanzarse hacia el río. En su interior bien podríamos cobijarnos en época de lluvias y como no, muy propicio como refugio de pequeños murciélagos.

Llegamos así a la mitad de nuestro recorrido y continuando el camino al borde del río atravesamos un puente y llegamos a la zona de "Monelos", lo primero que observamos es un molino que aunque en buen estado parece haberse detenido en el tiempo. Sus canales están secos y al lado una casa perfectamente restaurada parece destinada a lugar de turismo rural.

Continuamos por un camino próximo a unas casas rurales, llegamos de nuevo al río y atravesamos el puente de Lastra. Cuentan que antiguamente en esta zona ponían el lino a ablandar en las aguas del río durante 15 días.
El camino se hace estrecho y podemos ver claramente las roderas de los carros y tractores que por él circulan, por momentos nos da la sensación de atravesar un túnel ya que aquí los árboles son muy frondosos.
Más adelante, al lado del río podemos ver el canal que antaño abastecía de agua una antigua mina.
Llegamos a una pequeña central en ruinas y al momento enfilamos un camino entre "leiras" y pastizales para llegar a la boca de la mina de arsénico.

 Se dice de esta mina que data de la época romana y que de ella aparte del arsénico como principal materia se llegó a extraer plata y en menor cantidad, oro. Hoy en día está abandonada y ¿sellada?, (lo comprobaré).

Hacia un lado podemos ver una placa esculpida en pizarra conmemorando a uno de los fallecidos en las labores mineras.
 Después de descansar un rato en las mesas y bancos de madera que acondicionaron en las proximidades nos encaminamos por un sendero cubierto de las primeras hojas caídas de los árboles. El camino es sombrío a la par de las aguas del Azúmara y al poco rato podemos ver las primeras losas de pizarra del techo del molido de "Prado".

 Nos encaminamos de nuevo y atravesando unos campos de maíz volvemos a cruzar el río por “a ponte da illa”, un pequeño puente de madera que comunica con una isla en medio del río, al otro lado un camino nos guía entre fincas de labranza y ya tenemos ante nosotros Castro de Rei, el final de la ruta.
Tomamos unas cañitas en el bar Modesto (lo recuerdo de toda la vida) y bajamos hasta el colegio que tiene a su lado una hermosa playa fluvial con zona verde para descansar y aquí repusimos fuerzas para volver por el mismo sitio que habíamos venido.


 
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